viernes, 30 de enero de 2009

Abortar sola y en el exilio



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Una mujer mira preocupada por la ventana.

Leire, navarra de 35 años, tomó un día la dura decisión de interrumpir su embarazo. Ella sola, sin una pareja ni una familia que le apoyara, tuvo que coger fuerzas y acercarse al Hospital. Todos sus temores fueron confirmados tras la ecografía: estaba embarazada y no quería o no podía tenerlo. Las razones de su elección no han sido desveladas (como su apellido, por respeto a su intimidad) pero entraban en uno de los tres supuestos contemplados por la ley de 1985: violación, riesgo para la salud física o psíquica de la madre y malformación del feto. Lo que en otras comunidades hubiera sido una consulta y una intervención más, en la sanidad pública (aunque este tipo de operaciones son sencillas en lo médico pero complicadas en lo psicológico) se convirtió para ella en una dolorosa odisea; en una doble penalización por ser mujer, vivir en Navarra y tomar una dura decisión. A esta complicada situación se le suma aquí el tener que salir fuera de su comunidad y de su entorno social y familiar para abortar y, en muchos casos, tener que abonar de su bolsillo la operación ya que el 90% de las más de 600 navarras que optan por este camino prefieren evitarse el mal trago de desfilar por diferentes instancias públicas explicando su historia y completar el procedimiento burocrático de la derivación sanitaria. Los centros navarros, desde la campaña y juicio a principios de los años 90 contra los profesionales que se ofrecieron a aplicar esta ley de modo directo, no realizan esta intervención. Pero en principio sí informan y ofrecen esta otra posibilidad de hacerla fuera, lo mismo que en otros recursos como los centros de atención a la mujer.

Leire se dirigió al Hospital Virgen del Camino, dispuesta a no seguir adelante con su embarazo -eso lo tenía claro- pero con el desconocimiento y el temor lógico que recorría todo su cuerpo. Como explica, su estado era de un desamparo total y de una gran desorientación.

Objeción de conciencia

La ruleta rusa de encontrarse con un médico que le ayuda o que se limita a decirle que es objetor

Leire llegó a la consulta del médico y éste sólo le ofreció su rechazo: era objetor de conciencia. La realidad y las actitudes pueden ser muy diversas, pero en este caso así sucedió. De este modo, y sin llegar a entender por qué era incompatible su derecho legal a abortar con la legítima objeción de conciencia de parte del personal, Leire fue derivada a otro especialista que finalmente sí le facilitó la información oportuna. Debía abortar en San Sebastián o Zaragoza. A ella le tocaba decidir -otra decisión más- dónde hacerlo. En ese momento no tenía muy claro si la Seguridad Social le cubriría o no la interrupción. Había oído que existían dos métodos para llevar a cabo el aborto, a través de pastillas si el embarazo es de menos de seis semanas o aspiración en el caso de que hubiera dejado de tener la regla durante más de seis semanas. Pero no sabía cuál le practicarían a ella. Tampoco que sucedería después.

por sus propios medios

Centenares de mujeres viajan cada año solas para interrumpir su embarazo

Así, sola y con muchas dudas, Leire fue a una clínica de la capital guipuzcoana. La joven -ella misma y no desde el hospital- había pedido cita para una primera revisión con el médico donostiarra. A la entrada del hospital, como describe Leire, el ambiente era totalmente distinto. Más acogedor. La mujer entró y fue acompañada por una enfermera a la consulta del médico, allí sí, por fin, el especialista le explicó cuáles eran los posibles métodos para abortar y cuál le practicarían a ella. Fijó la cita. Había llegado el día, Leire iba a ser intervenida. Había conducido en solitario con su coche hasta la clínica y allí se presentó. Le hicieron pasar a una sala de espera, donde aguardaría a que llegara el momento, una muy difícil situación. Cuando entró, se encontró con una docena de mujeres. Todas en su misma situación. Nadie miraba a nadie. Cabizbajas, esperaban que la enfermera pronunciara su nombre. Leire temblaba en su silla, sentía sudores fríos y los minutos se hacían horas...

la intervención

¿Por qué no puede hacerse en la Comunidad Foral?

"Leire, pase a quirófano", pronunció la enfermera. Tomó posición en la camilla y fue anestesiada. Allí sola, la sensación de desamparo fue mayor aún, según relata la joven. Finalizó la operación. "Ya está", dijo una de las enfermeras. Leire pensó que, como según le habían dicho en Virgen del Camino, sería llevada a una habitación donde la mantendrían en observación por lo menos unas horas, pero cual fue su sorpresa, cuando, tras ofrecerle una compresa, la despidieron. A solas en el baño no pudo evitar llorar de rabia y desamparo. Pero reunió fuerzas y, sin nadie que le cogiera de la mano, se subió en su coche. Había tenido que abortar, no era un capricho de un día, no se sentía una asesina, ni una mala persona, no era una situación por la que quería volver a pasar, nunca. De ninguna de las maneras querría que otras mujeres tuvieran que pasar por ello. Con lágrimas en los ojos y una gran impotencia arrancó su coche y se dirigió de vuelta a casa. Mientras miraba a la carretera no podía dejar de pensar por qué el sistema y parte de la sociedad navarra hacían aún más complicada una decisión difícil y no deseada para nadie, menos para una mujer, como interrumpir un embarazo no deseado y lesivo para el hijo o la madre. Cuando llegó Pamplona no hacía más que preguntarse por qué debía pasar por este calvario extra en el siglo XXI en una de las comunidades, la navarra, que se tiene por pionera en el ámbito sanitario. De nada le servía que su historia fuera la misma de otras casi 600 mujeres navarras cada año.

1. ¿Qué es el aborto?

La Medicina entiende por aborto toda expulsión del feto, natural o provocada, en el período no viable de su vida intrauterino, es decir, cuando no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir. Si esa expulsión del feto se realiza en período viable pero antes del término del embarazo, se denomina parto prematuro, tanto si el feto sobrevive como si muere.

El Derecho español, al igual que el Derecho Canónico, considera aborto la muerte del feto mediante su destrucción mientras depende del claustro materno o por su expulsión prematuramente provocada para que muera, tanto si no es viable como si lo es.

En el lenguaje corriente, aborto es la muerte del feto por su expulsión, natural o provocada, en cualquier momento de su vida intrauterino.


2. ¿Cuántas clases hay de aborto?

El aborto puede ser espontáneo o provocado. El espontáneo se produce o bien porque surge la muerte intrauterinamente, o bien porque causas diversas motivan la expulsión del nuevo ser al exterior, donde fallece dada su falta de capacidad para vivir fuera del vientre de su madre. Si el aborto es provocado, se realiza o bien matando al hijo en el seno materno o bien forzando artificialmente su expulsión para que muera en el exterior.

En ocasiones se actúa sobre embarazos de hijos viables, matándolos en el interior de la madre o procurando su muerte después de nacer vivos. Esto no es, médicamente hablando, un aborto, y de hecho muchas legislaciones que se consideran permisivas en la tolerancia del aborto lo prohíben expresamente, porque lo incluyen en la figura del infanticidio. Pero no ocurre así en otros casos, como por ejemplo en España, donde el Código Penal no tiene en cuenta la viabilidad del feto para que se dé el delito de aborto, y, en contrapartida, se puede matar en algunos casos a fetos viables sin recibir ningún castigo penal, al amparo de la legislación vigente precisamente en materia de aborto. Por eso utilizaremos en estas páginas la definición de aborto según el lenguaje corriente, de modo que la muerte provocada de un feto viable también será considerada como aborto.

3. ¿Es un ser humano el fruto de la concepción en sus primeras fases de desarrollo?

Desde que se produce la fecundación mediante la unión del espermatozoide con el óvulo, surge un nuevo ser humano distinto de todos los que han existido, existen y existirán. En ese momento se inicia un proceso vital esencialmente nuevo y diferente a los del espermatozoide y del óvulo, que tiene ya esperanza de vida en plenitud. Desde ese primer instante, la vida del nuevo ser merece respeto y protección, porque el desarrollo humano es un continuo en el que no hay saltos cualitativos, sino la progresiva realización de ese destino personal. Todo intento de distinguir entre el no nacido y el nacido en relación con su condición humana carece de fundamento.

4. ¿Así que no es verdad que al principio existe una cierta realidad biológica, pero que sólo llegará a ser un ser humano más tarde?

No. Desde que se forma el nuevo patrimonio genético con la fecundación existe un ser humano al que sólo le hace falta desarrollarse y crecer para convertirse en adulto. A partir de la fecundación se produce un desarrollo continuo en el nuevo individuo de la especie humana, pero en este desarrollo nunca se da un cambio cualitativo que permita afirmar que primero no existía un ser humano y después, sí. Este cambio cualitativo únicamente ocurre en la fecundación, y a partir de entonces el nuevo ser, en interacción con la madre, sólo precisa de factores externos para llegar a adulto: oxígeno, alimentación y paso del tiempo. El resto está ya en él desde el principio.

5. ¿Cómo puede existir un ser humano mientras es algo tan pequeño que no tiene el más mínimo aspecto externo de tal?

La realidad no es sólo la que captan nuestros sentidos. Los microscopios electrónicos y los telescopios más modernos nos ofrecen, sin lugar a dudas, aspectos de la realidad que jamás habríamos podido captar con nuestros ojos. De manera semejante, la ciencia demuestra rotundamente que el ser humano recién concebido es el mismo, y no otro, que el que después se convertirá en bebé, en niño, en joven, en adulto y en anciano. El aspecto que presenta varía según su fase de desarrollo. Y así, en la vida intrauterina primero es un embrión pre-implantado (hasta la llamada anidación, unos 12-14 días después de la fecundación, en que cabe la posibilidad de que de un mismo óvulo fecundado surjan gemelos); después es un embrión hasta que se forman todos sus órganos; luego, mientras éstos van madurando, un feto, hasta formarse el bebé tal como nace. Y después continúa el mismo proceso de crecimiento y maduración, y más tarde se produce el inverso de decadencia hasta la muerte.

Por eso no tiene sentido decir que un niño proviene de un feto, sino que él mismo fue antes un feto, del mismo modo que un adulto no proviene de un niño, sino que antes fue niño, y siempre es el mismo ser humano, desde el principio. Y tan absurdo sería defender que el hijo recién concebido no es un ser humano porque no tiene aspecto de niño, como suponer que el niño no es un ser humano porque no tiene el aspecto externo del adulto.

6. Admitiendo que existe una nueva vida desde el momento de la fecundación, ¿no podría ser una vida vegetal o animal, para llegar a ser humana en una fase posterior?

No. Con los actuales conocimientos genéticos, es indudable que cada ser es lo que es desde el momento de la fecundación. De la unión de gametos vegetales sólo sale un vegetal; de gametos animales no racionales, por ejemplo un chimpancé, sólo sale otro chimpancé, y de la unión de gametos humanos se crea un nuevo ser de la especie humana, que es tal desde el principio, pues así lo determina su patrimonio genético específicamente humano.

7. ¿Ha habido épocas en que se haya creído que el fruto de la concepción de la mujer podía ser un individuo no humano?

Sí. Hubo épocas en que, por ignorancia de los mecanismos genéticos, se creyó que una mujer fecundada por un hombre podía concebir un ser no humano o medio-humano. Esta idea es una manifestación de superstición y de ignorancia científica que hoy debe tenerse por superada. Otra cosa es que, por enfermedades o alteraciones diversas, puedan producirse trastornos en el momento de la fecundación que desemboquen en la formación de productos anómalos, como la llamada "mola vesicular" o los "huevos abortivos", que carecerán de capacidad de desarrollo. O que, en ocasiones, conduzcan a hijos con malformaciones congénitas, cuya vida, sin embargo, es merecedora del mismo respeto y la misma protección que la de los seres normalmente constituidos.

8. ¿Y no puede suceder que, aunque el fruto de la fecundación sea una vida humana, ésta no llegue a constituir un ser humano individual hasta un momento posterior?

En la realidad no existen más que seres humanos individuales. El concepto de vida humana es una abstracción que no existe más que encarnada en seres individuales de la especie humana. La vida humana, en general, es una idea abstracta; una vida humana concreta no es, no puede ser en la realidad, otra cosa que un ser humano.

9. Pero dado que hasta el decimocuarto día posterior a la fecundación existe la posibilidad de que de un óvulo fecundado salgan no uno, sino dos seres humanos (gemelos monocigóticos), ¿no habría que afirmar que mientras sea posible tal división no existe un ser humano individualizado?

El que puedan llegar a existir dos seres humanos a partir de un mismo óvulo fecundado no significa que antes de la división no haya ninguno, sino más bien que donde había uno -por un proceso todavía no bien conocido- llega a haber más de uno.

Hay que tener en cuenta que no es lo mismo individualidad que indivisibilidad. Un ser vivo puede ser individual, pero divisible; es el caso de las bacterias y otros microorganismos. El que en una determinada época de su evolución biológica un ser vivo pueda ser divisible no invalida su carácter de individuo único en los momentos anteriores. El ser humano, como se ha dicho antes, hasta aproximadamente el día 12-14 de su evolución es individual, pero divisible, y a partir de la anidación es ya único e indivisible.

10. Si existe un ser humano desde la fecundación, ¿por qué los científicos se refieren a él con términos varios según su fase de desarrollo: cigoto, mórula, blastocisto, embrión, feto?

Porque la vida de un ser humano es un largo proceso que se inicia cuando de dos gametos, uno masculino y otro femenino, surge una realidad claramente distinta: el nuevo ser humano, fruto de la fecundación, quien en las distintas etapas de su desarrollo recibe nombres distintos: el cigoto es la primera célula que resulta de la fusión de las células masculina y femenina. Tras unas primeras divisiones celulares, este ser humano recibe el nombre de mórula, en la que pronto aparecerá una diferenciación entre las células que formarán el embrión (lo que hemos llamado embrión preimplantado, y que algunos llaman preembrión) y las destinadas a formar la placenta. En esta nueva fase, el ser humano se llama blastocisto, y anidará en la pared del útero de su madre. Después se irán diferenciando sus órganos, unos antes que otros, durante todo el período embrionario, al tiempo que la placenta se desarrolla por completo. El embrión se llamará entonces feto, y continuará su crecimiento mientras se produce la maduración funcional de sus órganos hasta que, en un momento dado, nacerá y se llamará neonato, recién nacido. Y este proceso único, que se ha desarrollado suavemente, sin cambios bruscos, continúa después del nacimiento, y el neonato se hace niño; el niño, adolescente; el adolescente, joven; el joven, adulto y el adulto, anciano. Todos éstos son los nombres que distinguen las etapas de la vida de un solo ser que surgió con la fecundación y que será el mismo hasta que muera, aunque su apariencia externa sea muy diferente en una u otra fase.

viernes, 16 de enero de 2009

¿A favor o en contra?

Vamos a hacer una encuesta sobre lo que la juventud piensa acerca del tema del aborto.
El 50% piensa que si una joven adolescente se queda embarazada, esta no tendria medios para cuidarlo, pensando que es una carga para ella.Los encuestados ven bien que la joven aborte.
Por otra parte, el 50% de los encuestados piensan que el aborto es un asesinato de una persona, por muy pequeño que sea el feto.
Solo hay un termino medio en el que la juventud esta de acuerdo con el aborto, este termino es que la joven haya sido violada, por tanto el embarazo seria no deseado, otro factor es la malformacion del feto,y el otro factor es el riesgo de muerte por parte de la madre.